LUNES Y MARTES POR LA NOCHE

LUNES Y MARTES DE ESTA SEMANA EMPIESA LA MINI SERIE LLAMADA "EL CASTIGO" QUE SOLO DURA 2 DIAS Y CUENTA LA INTERESANTE HISTORIA DE UN ESTILO DE REFORMATORIO DONDE SE ESCAPARON 4 CHICOS Y ABISARON A LAS AUTORIDADES DE QUE SUFRIAN MALTRATO PSIQUICO Y FISICO.


LA HISTORIA REAL DE ESTO Y OTROS CASOS EN OTROS LUGARES ES LA SIGUIENTES, ES UN POCO LARGO PERO INTERESANTE:


Educar con jaulas y además con subvención
Las autoridades suizas pagan a Time Out por 'reformar' a menores en granjas como la de Girona
Les encerraban en una jaula para animales. Les castigaban a comer sólo leche con muesli. Hace unos días se escaparon. Son cuatro chavales suizos de entre 14 y 17 años. Trabajaban gratis cuidando animales y rehabilitando una masía de Girona. Les habían enviado a este reformatorio ilegal los servicios sociales suizos, a través de una organización, Time Out, que garantiza disciplina férrea y trabajo en granjas a menores problemáticos. Funciona en todo el país. Un caso más, otro, de la violencia que acecha a los niños. Un millón viven en centros de acogida y reforma en Europa y Asia Central. El Consejo de Europa ha lanzado el último envite a una plaga que da cuenta de que los niños siguen siendo, de hecho, minipersonas con miniderechos.

masía


Girona / Ginebra
EL PAÍS 09-04-2006
Tenía cardenales y mataduras. Deambulaba por la estación de Figueres, en Girona, el viernes 31 de marzo pasado. Se llama Lorenzo, tiene 14 años y es suizo. Contó que se había escapado, junto a otros adolescentes de su país, de una masía de Sant Llorenç de la Muga. Dijo que les enjaulaban y les maltrataban.

Lorenzo y sus compañeros, todos adolescentes problemáticos, estaban sujetos en esa especie de reformatorio ilegal a horarios rígidos y férrea disciplina. Un método que ha popularizado Suiza Time Out, la asociación que les envió: trabajo físico fuera de su entorno, castigos y privaciones.

Los Mossos d'Esquadra detuvieron poco después de encontrar a Lorenzo a los tres ocupantes de la masía, el suizo Armin Markus Schlegel, de 44 años; la italo-argentina de 30 Lorena Elisabeth Batista, su pareja, y el francés Raymond Nicot. Los tres están acusados de diversos delitos de detención ilegal y violencia física y psíquica en el ámbito del hogar, aunque el juez les ha dejado en libertad sin fianza.

"Presumiblemente pegaban y maltrataban de forma cotidiana a los menores", mantiene la policía autonómica, "los encerraban durante días dentro de jaulas de jabalíes cuando no querían trabajar o cuando se encontraban mal". Había periodos en los que sólo se les permitía comer leche con muesli. Los cinco chavales, de entre 14 y 17 años, vivían a veces en caravanas con cerrojos exteriores. El exceso de violencia física y psíquica desencadenó, según la policía, la fuga de cuatro de los cinco menores. Tres de ellos llegaron por su cuenta a Suiza. Lorenzo, el cuarto, apareció en Figueres. Su madre es la única que ha presentado denuncia. Los mossos piensan que se acogía a chavales desde hace dos años, durante periodos de entre uno y tres meses.

La versión de Armin Markus Schlegel, un mecánico nómada sin trabajo estable,es tan idílica como el paisaje que rodea la vieja masía. Asegura ser una víctima de Lorenzo, el "pequeño demonio". Dice que las heridas se las produjo peleándose con sus compañeros. Armin llegó hace seis años con otros "peregrinos" (no le gusta el término de neorrural) y pactó con los propietarios quedarse en la casa a cambio de restaurarla. En la masía se agolpan ahora los trastos, animales de granja de todo tipo, y decenas de caballos que los chavales debían de cuidar. La única credencial de educador que tiene Armin es haber criado a su propio hijo hasta los 13 años. No pedía papeles ni autorizaciones paternas. Admite que imponía disciplina, pero jamás con violencia. Existe una jaula, pero asegura que nunca encerró a niños en ella. Los padres les visitaban y les llamaban.

El nombre de un menor está escrito en una pizarra en una de las habitaciones. Se le asigna un castigo de 200 horas. "Eso era para todo el año y el castigo consistía en lavar platos o fregar", advierte Lorena, la compañera de Armin. "Jamás pegamos a nadie, pero les hacíamos trabajar de 8 a 13 y de 14.30 a 17, sin forzarlos. Estaban muy bien aquí. Los sábados podían bajar al pueblo", cuenta él. Los adolescentes trabajaban en la reconstrucción de la masía y en el cuidado de los animales. La pareja asegura que la fuga se originó cuando el chico nuevo, Lorenzo, enrareció el ambiente y debieron endurecer los castigos: "Les prohibimos el tabaco, bajar el sábado al pueblo y les hicimos levantar a las ocho durante cuatro domingos".

Beat Dunki, un pedagogo que vive a 1.500 kilómetros de Girona, sabe mucho más de esto. A los cinco chicos los mandó Time Out, la organización que él fundó hace cuatro años en Zúrich. Su filosofía consiste en separar a los muchachos conflictivos de su entorno durante un tiempo y darles formación en algún oficio. Este proyecto está presente en varios cantones de Suiza, desde Zúrich a Basilea y desde Saint Gall a Friburgo. Una de las responsables de la organización, Monique Pfaff-Frey, afirma: "No tenemos ideología ni damos doctrina. Nos limitamos a hacer trabajar a los jóvenes y darles una última oportunidad antes de enviarlos al reformatorio y arruinar sus vidas".

Los servicios sociales de Ayuntamientos suizos pagan a Time Out desde hace tres años para enviar a los menores a granjas o fábricas donde realizaban trabajos, sin pago alguno, entre dos semanas y tres meses. El precio de dichos servicios, según la prensa suiza, es de entre 2.700 a 4.000 euros. El diario Le Matin publicó ayer que los servicios sociales de Zúrich pagaban a la organización 7.000 francos (4.200 euros) por mes y persona, de los que apenas 600 euros eran destinados a pagar a la granja de Girona. La prensa también se ha hecho eco de un precedente: el de Céline, una niña de 11 años, que en 2004 fue colocada en una de las instituciones de Dünki y a la que se impidió tener contacto con sus familiares. La pequeña también escapó. Los menores podían ser enviados a Francia, Italia o España. Monika Stocker, la responsable municipal de Asuntos Sociales de Zúrich, anunció la apertura de una investigación sobre los criterios seguidos para contratar empresas colaboradoras y cuáles son las medidas de control de las mismas. Diversos profesionales de la educación y la pedagogía han pedido una regulación estricta de estas agencias. El jueves, Stocker hacía oficial la ruptura de relaciones con la organización hasta que se aclare el caso de Girona.

La madre de Valmir S., uno de los cuatro chicos de Zúrich retenidos, comentó a la radio suiza: "Gracias a la fuga de mi hijo pude saber las terribles condiciones en que vivía". Valmir estaba en la masía desde hace año y medio. Sarah, la única chica, declaró a la televisión: "Dos de nosotros hemos sido maltratados y Lorenzo fue encerrado en varias ocasiones en la jaula de los jabalíes, al igual que Jens". A pesar de ello, Stocker reconoció que las declaraciones de los chavales eran contradictorias. Al parecer, uno de ellos dijo que lo había pasado muy bien y que deseaba volver.

Time Out tiene un hogar a las afueras de Friburgo. Aloja a una docena de jóvenes de 12 a 16 años con comportamiento problemático. "Es una unidad semicerrada de observación, reconocida por las autoridades", dice Pierre Yves-Buri, su responsable. Tiene régimen estricto y no se pueden recibir visitas externas ni los niños tienen derecho de salida durante las primeras seis semanas. "Una familia no puede traer a su hijo a este centro por iniciativa propia, sino que siempre llegan derivados por los servicios sociales, los jueces de menores, la Cruz Roja o las autoridades cantonales", dice el director. Queda por demostrar la eficacia, muy discutida por pedagogos y profesionales, de estos métodos radicales.



El modelo militar estadounidense

Las academias militares existen desde tiempo inmemorial en diversas culturas para enderezar adolescentes díscolos. Y el modelo militar parece ser el escogido en Estados Unidos para tratar a los casos difíciles. El sistema allí se llama Boot Camp.

Estos campos se han hecho tristemente célebres a raíz del caso de Gina Score, de 14 años, una chica con sobrepeso fallecida en 1999 en Dakota del Sur tras una marcha forzada de 40 kilómetros bajo el sol. La muchacha había hurtado 40 dólares. Más recientemente, en 2005, salió a la luz el caso de unos campos paramilitares para hijos de las clases acomodadas de Florida. Estos muchachos eran enviados a una isla del Caribe donde ciertas restricciones legales aplicables en el territorio continental no regían. Una especie de Guantánamo prepúber para niños ricos donde violencia y abusos estaban a la orden del día.

Estos campos, existentes en varios estados de Estados Unidos, proponen un entrenamiento y disciplina de corte netamente militar a adolescentes conflictivos por sumas de dinero que van desde 2.300 hasta 6.000 dólares (de 1.900 a 4.960 euros), dependiendo de la duración y rigor del programa.

En palabras de la propia compañía, Boot Camp es una organización sumamente estricta a la que los padres pueden enviar a sus hijos adolescentes desafiantes o fuera de control. "Jóvenes que han experimentado con drogas o sustancias ilegales y que ya han tenido pequeños problemas con la justicia", aseguran.

El método incluye esposar a los adolescentes a la espalda y echarlos a la piscina, obligarlos a marchas forzadas o realizar carreras de kilómetros bajo el sol. Así fallecieron en estos campos Anthony Haynes, Nick Contrarez, Michelle Sutton, o Dee-Dee Takeuchi entre 1999 y 2005. Todos ellos, menores muertos de agotamiento o por abusos.elpais.es





El síndrome del emperador
España carece de centros para corregir los trastornos de conducta de niños que controlan el ambiente familia
"Si su hijo no delinque, no podemos hacer nada", es la respuesta de las autoridades a las familias
JAVIER RICOU - 09/04/2006 Lleida
Son violentos y autoritarios, no cumplen con las normas y sus padres se ven incapaces de controlarlos. Es lo que los expertos han bautizado como el "síndrome del emperador" y lo sufren muchas parejas que han perdido el control sobre sus hijos. Buscar una solución para desposeer a esos pequeños emperadores del ambiente que han conquistado no es tarea fácil. La Administración española, aseguran expertos en el ámbito del menor, no dispone de armas para ayudar a esas familias que han perdido toda la autoridad sobre sus hijos y que son víctimas de su cruel conducta.

"Si su hijo no delinque, no podemos hacer nada". Ésta es la respuesta que se suele dar a las familias que acuden a las autoridades a pedir ayuda para corregir trastornos en el comportamiento de sus hijos. Lo explica Pedro Núñez Morgades, Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid, quien aboga por el consenso institucional para crear centros donde enmendar esas conductas agresivas y antisociales. Jaume Funes, adjunto al Síndic de Greuges per la Defensa de l´Infant, comparte la propuesta. "Ahora mismo poco podemos hacer para ayudar a estas familias y hay que buscar una fórmula intermedia que no sea la reforma ni la protección", afirma.


En España sólo existen los centros de reforma para los menores que han delinquido, o los de protección para los que están en una situación de desamparo. La solución intermedia, esa que debería ayudar a esos niños que no están desprotegidos ni son delincuentes, es la que se necesita en España, reiteran Núñez y Funes, para evitar que menores con problemas de comportamiento acaben en reformatorios ilegales y sin ningún control como el descubierto en Girona. "Lo que se hacía en esa masía con adolescentes suizos es una barbaridad - afirma Núñez Morgades- y si se prueba que algún estamento oficial apoyaba esa actividad, la obligación de España es denunciarlo por haberse infringido la convención de derechos de los niños". "Corregir la conducta de un menor privándole de libertad es un error - afirma Funes-. Es como volver a la época en la que proliferaban los centros para adictos a la heroína y se justificaba que se les atara con la frase: ´Benditas las cadenas que libran de la droga´".

Para el adjunto al Síndic, se debería permitir, en los casos más graves, "apartar de forma temporal a ese adolescente del espacio que tiene controlado". Núñez Morgades asiente al indicar que la experiencia ha demostrado que cuando se saca a ese pequeño emperador del ambiente que ha conquistado, su conducta suele variar enseguida.


Ambos expertos comparten la idea, sin embargo, de que el trabajo para corregir ese comportamiento debe ser dirigido por profesionales. Esto es lo que hace la fundación internacional O´Belén, que tiene centros terapéuticos en España (Ourense, Castellón, Cuenca, Guadalajara, Tenerife y Madrid) especializados en corregir trastornos de conducta en menores. Su director técnico, Ricardo Fernández, asegura que son únicos en su especialidad y para Núñez Morgades la tarea de esta fundación es el ejemplo que seguir en España.

En los centros de O´Belén el número de especialistas casi dobla al de internos. Su peculiaridad consiste en que en las autonomías donde trabajan es posible, a través de los servicios sociales, que una familia desbordada pueda ceder la tutela de su hijo a la Administración para que ésta acuerde un tratamiento. Todo se hace bajo un control muy estricto. "Nuestra principal función es la de resocializar, ayudar a ese menor a que reinvente su vida", afirma Ricardo Fernández. En los equipos hay desde psiquiatras y psicólogos hasta monitores especializados en diferentes talleres y personal que ejerce como tutor.


Los éxitos, añade Fernández, sólo llegan despúes de mucho esfuerzo y medios, por lo que sólo atinió a calificar de "auténtica barbaridad" lo que ha visto y conoce del particular reformatorio ilegal de la masía de Sant Llorenç de la Muga. lavanguardia.es

Un método reeducativo en cuestión

Zurich elimina las ayudas al centro propietario de la masía de Girona
El caso de una masía donde se rehabilitaba a jóvenes conflictivos suizos pone de relieve un método educativo que, en los últimos años, ha empezado a ser cuestionado
"Ahora cada vez tiene menos que ver con la pedagogía y más con ganar dinero", dice un pedagogo
LA PROTECCIÓN DEL MENOR - 09/04/2006
Berlín.

Estos días, Beat Dünki es un hombre ocupado. E indignado. "Desde que he empezado a hablar con usted, ya me han llamado veintidós personas", dice, por teléfono, desde Zurich. Entrevistas en radio, en prensa, en televisión... No se lo cree. No se cree que tantos dedos apunten a su organización. Dünki es el director de Time Out, la organización suiza responsable de un centro del Alt Empordà donde, según uno de los adolescentes suizos internos allí, se infligían malos tratos.


"Ninguna de nuestras familias de acogida había tenido tantas visitas de familiares [ de los menores] y amigos como ésta, y todos se marchaban contentos", asegura Beat Dünki. En su opinión, las acusaciones de maltrato de los educadores son fruto de la fabulación de los adolescentes, algunos de los cuales, admite, tienen antecedentes delictivos. Y tampoco es cierto - sostiene- que en la masía de Can Gener, en Sant Llorenç de la Muga, donde vivían cinco jóvenes conflictivos que se fugaron a finales de marzo, las condiciones higiénicas fueran deficientes. Él estuvo allí hace tres semanas y no observó nada anómalo.

En su país, Suiza, Dünki se encuentra ahora en el centro de una controversia. El departamento de Asuntos Sociales de la ciudad de Zurich, que delegó en Time Out el tratamiento de tres de los adolescentes de Sant Llorenç de la Muga y que financió su estancia allí, ha cortado su relación con esta organización. Es más, los suizos se plantean la necesidad de regular la práctica educativa que consiste en enviar a jóvenes conflictivos al extranjero para aislarlos de su medio natural e intentar evitar que caigan definitivamente en la marginación social.


Esta práctica, una especie de deslocalización de los reformatorios, a la manera de las empresas que trasladan su producción a países con mano de obra más barata, no es nueva. Yno es la primera vez que genera titulares en las páginas de sucesos (ver recuadro). La idea de enviar a los muchachos difíciles al extranjero responde a algunos de los postulados de lo que en alemán se denomina Erlebnispädagogik.Algo así como pedagogía vivencial. "Se trata de aprender con el corazón, las manos y el entendimiento. Es decir, con alegría, con actividad, pero no de manera irrazonable", explica Jörg Ziegenspeck, director del Instituto de Pedagogía Vivencial y profesor de la Universidad de Lüneburg, en Alemania. Aunque Ziegenspeck, fundador de esta escuela pedagógica, está en el origen de los primeros proyectos con jóvenes conflictivos, es crítico con las prácticas actuales. "Ahora cada vez tiene menos que ver con la pedagogía y más con ganar dinero", se queja.

Todo empezó hace unos veinte años, con una iniciativa para enviar a delincuentes juveniles alemanes a navegar a vela por los océanos. Eran barcos-escuela perfectos para los fines propuestos: alejar a los jóvenes de sus barrios y pandillas, ocuparles con actividad física y en contacto permanente con la naturaleza, y evitar las fugas.


Los barcos-escuela eran una solución conveniente para las servicios de menores en Alemania. En muchos casos, presentaban una alternativa a la cárcel. Los barcos, sin embargo, resultaban demasiado caros para el erario público. Así que las autoridades alemanas buscaron una fórmula más económica: enviarles al extranjero, a masías o casas de campo en países del sur de Europa donde, lejos del mundanal ruido y de Alemania, dedicados a los trabajos manuales, tal vez encontrasen la oportunidad para rehabilitarse.

El problema, según el profesor Ziegenspeck, fue que pronto algunos educadores vieron una oportunidad de hacer negocio. En vez de acoger a un joven o dos en cada centro, acogían a tres, cuatro, cinco, seis... Y cuando tantos jóvenes conflictivos se unen, "la situación puede ser problemática", argumenta este veterano pedagogo, quien calcula que actualmente puede haber más de 250 adolescentes alemanes en centros de este tipo.


Otro problema: la ilegalidad - o, como mínimo, alegalidad- que supone tener centros educativos en el extranjero que en muchos casos, no están registrados como tales ante las autoridades locales. Llegar a un pueblo de España, Italia o Grecia y anunciar la creación in situ de un reformatorio para delincuentes juveniles no es la mejor carta de presentación. Por eso muchos se instalaron en estos pueblos como simples extranjeros que, de vez en cuando, recibían visitas de jóvenes de su país.

¿Y la masía de Sant Llorenç de la Muga? "Desde el punto de vista suizo, no era un centro. Era una familia de acogida", responde Beat Dünki, de Time Out. Muchas organizaciones que, por encargo de los servicios de menores, envían a los jóvenes a granjas no lo hacen a un reformatorio sino a una familia. No es un método inusual. En Suiza, familias de campesinos han acogido a jóvenes en situación de crisis por mediación de Cáritas.


Las autoridades suizas estudian ahora cómo controlar mejor estos reformatorios deslocalizados y financiados por el contribuyente. "Este caso [ el de la masía en Catalunya] es una excepción", afirma un portavoz del departamento de Asuntos Sociales de Zurich. En Alemania, donde hace años la prensa llegó a denunciar estas estancias en el extranjero como "una exportación de problemas", hubo un intento de suprimirlos directamente y permitir sólo los reformatorios dentro de las fronteras alemanas. No tuvo éxito.

Algunos pedagogos dudan de la eficacia del método. Cuando cumplen 18 años, los jóvenes dejan de estar bajo la tutela de los servicios de menores. La rehabilitación se interrumpe. "Es más una medida de urgencia que una medida preventiva", asevera Jörg Ziegenspeck, quien, sin embargo, cree que existen casos "positivos" de centros en el extranjero. Insatisfecho con la legislación actual, hace un año presentó una propuesta al Ministerio de la Familia alemán con medidas como visitas sorpresa a las masías y granjas de inspectores alemanes. "Queremos que todo sea más transparente", dice Ziegenspeck. lavanguardia.es